• Elisa Valenzuela

Trauma y fragmentación: reintegrando las piezas



Hablando de trauma, me viene una palabra a la cabeza: COMPARTIMENTAR

Es una palabrita complicada ¿verdad?. Significa básicamente , dividir, separar o seccionar algo en sus partes.

En el mundo de las emociones , cuando vivimos situaciones traumáticas solemos compartimentar como mecanismo de defensa, porque tal vez las emociones que experimentamos son muy fuertes para sobrellevarlas, pero esto ocurre cuando no aceptamos nuestras emociones; se nos ha enseñado en la crianza que hay algo terriblemente malo con estar triste, enojado, temeroso, iracundo, decepcionado, etc...

Entonces sucede que si de pequeños experimentamos algo que nos hizo, por ejemplo, tener mucho miedo y nos dicen que “eso no existe”, “no tienes por qué tener miedo”, “tienes que ser valiente” , aprendemos que lo que sentimos está mal y nos compartimentamos… Es como si tomáramos esa pieza del rompecabezas que es el miedo y la sacáramos del cuadro , para esconderla en alguna parte donde no la podamos ver.

Eso pasa cada vez que recibimos una respuesta de no aceptación de nuestras emociones y es en realidad lo que verdaderamente ocasiona el trauma, esa fragmentación de lo que sentimos y lo que somos, no es la situación que vivimos.


Así vamos entonces por la vida, fragmentándonos para ser aceptados. Después de todo, el mecanismo número uno de supervivencia de todo ser humano es la búsqueda de aceptación de nuestros pares, somos animales sociales y necesitamos cariño, atención y aceptación de nuestro grupo social para sobrevivir.

Imagínate entonces que una pequeña fragmentación de ti mismo ocurre cada vez que experimentas una emoción que se ha catalogado en tu ambiente como negativa o inaceptable… El significado que le damos a esa emoción (no la emoción en sí), puede ser muy difícil de soportar, nos cuesta trabajo reconocer en nosotros partes que no son bien vistas, esa es nuestra sombra, lo que mandamos al rincón más recóndito de nuestro ser, pero que no se va ningún lado.

Aunque puede ser que ese mecanismo sea útil para nuestra supervivencia en el corto plazo, la realidad es que como esas emociones y partes de nosotros que rechazamos, no se esfuman por no ser vistas, eventualmente salen a la superficie en forma de reacciones fuera de nuestro control, enfermedades y padecimientos físicos, problemas del estado de ánimo como depresión y ansiedad y conflictos interpersonales.


Te voy a dar un ejemplo de las repercusiones que puede tener en la vida adulta el trauma y la compartimentación o fragmentación:

Imagina que una niña pequeña está en la fiesta de cumpleaños de su hermano menor y ve cómo le dan regalos y atención a su hermano, ella sin entender se siente enojada y desplazada y muestra su enojo en la fiesta, sus papás, no le explican lo que está sucediendo y en su lugar la regañan por ser egoísta. La niña sigue sin entender lo que sucede e interpreta el mensaje de la siguiente forma: “no te puedes enojar”, “eres egoísta”, “ está mal sentirse celoso”, “está mal pedir y necesitar atención de otros”, “ esto que estás sintiendo es reprobable”, “no eres importante”. Estás siendo testigo del nacimiento de un trauma, que no surgió porque le dieran regalos a su hermano, o porque se sintiera celosa, surgió por el rechazo y descalificación de sus propias emociones.

Esa niña ha aprendido entonces que pedir lo que necesita o lo que quiere está mal y que hay ciertas emociones que no son aceptables.

Esa niña ahora es adulta y aprendió a esconder su enojo, no se permite mostrar descontento, aun ante situaciones de injusticia o desigualdad evidentes, ha tenido muchas relaciones de amistad y de pareja en las que deja a un lado sus necesidades y no expresa lo que siente o lo que quiere, por temor a ser rechazada. El enojo se acumula poco a poco de forma inconsciente y se manifiesta en su cuerpo como colitis, tensión muscular y dolores de cabeza constantes. Sin saber por qué, no le gustan las fiestas de cumpleaños y cada vez que se encuentra en una situación ligeramente similar a la que vivió de pequeña, experimenta altos niveles de ansiedad y reacciona de forma explosiva ante momentos en los que se siente arrinconada , acorralada o no tomada en cuenta. Como no sabe reconocer sus emociones y no sabe que es válido sentirse molesto, en lugar de solicitar sanamente atención, se pone a la defensiva y exige que las personas la tomen en cuenta de forma que crea más conflictos interpersonales que soluciones….

¿Qué hubiera pasado si las emociones de esta niña hubieran sido validadas en la fiesta de cumpleaños de su hermano?

Imagina ahora que lo mismo ocurre, pero ahora, los papás abrazan a la niña y le permiten sentirse libre de expresar sus emociones y la contienen, mientras le explican que es totalmente normal sentirse celoso de que le den regalos a una persona y a ti no, pero que es una fiesta de cumpleaños y es por eso que es su hermano quien recibe los regalos así como ella recibió los suyos cuando tuvo su fiesta, esperan a que se calme y luego la motivan a que vaya con su hermano a seguir abriendo regalos que seguramente después podrán compartir juntos.

Entonces esa niña vivió exactamente la misma situación, experimentó las mismas emociones, pero estas fueron validadas y por lo tanto, no tuvo que fragmentar su enojo y sus celos. Esa niña se convertirá en una adulta que sabrá expresar sanamente esas emociones y podrá pedir la atención que sienta que necesita , sin culpas ni remordimientos.

Creo que ahora sí está claro que lo que causa el trauma no es lo que te pasa, si no la fragmentación que hacemos con lo que sentimos. Incluso en situaciones mucho más duras y difíciles, lo mismo aplica. Es totalmente normal sentir dolor, enojo, tristeza, frustración, miedo… el problema está en que no nos permitimos vivir esas emociones, validarlas y dejarlas que tomen su curso natural y al no hacerlo no permitimos que se vayan del todo de nuestra vida, se acumulan por años y salen de las maneras menos adecuadas para nuestra salud y nuestras relaciones.

Es por eso que es tan importante comenzar a trabajar en nuestra integración… Hay que unir las piezas del rompecabezas, buscar todos los pedacitos de nosotros que hemos ido rompiendo y escondiendo e ir , con paciencia y amor uniéndolas de nuevo, integrándolas a nosotros, para volver a ser seres completos, que ser completo no significa ser perfecto. Es necesario comenzar a amar y aplicar el mismo nivel de aceptación que le damos a las cosas que nos gustan y que sí aprobamos de nosotros mismos que a las que no nos gustan, echarse un chapuzón a nuestra propia sombra para darnos cuenta que finalmente todo lo que somos es parte de lo que nos hace únicos y maravillosos.


¿Cómo podemos hacer?

Hay diferentes caminos, métodos y formas.

Una de las que más funcionan y que yo recomiendo ampliamente es la sanación de tu niño interior, siempre y cuando el trabajo que se haga de sanación esté enfocado en primero darle a tu niño interior la validación completa y total de las emociones que experimentó en estos eventos “traumáticos”, sin querer de inicio hacer que se sienta distinto o cambiar algo. Una vez que tu niño interior se ha sentido validado y aceptado, puedes moverte a cambiar los escenarios o sanar las heridas.

Hay diferentes formas de hacer este trabajo, hay terapias y talleres que se especializan en eso, también existen meditaciones guiadas que te pueden ayudar a sanar tu niño interior, libros de autoayuda o ejercicios prácticos. Yo te recomiendo que lo hagas de mano de un profesional experto en trauma o en sanación de heridas emocionales.

Es un trabajo que lleva tiempo y energía, pero vale completamente la pena.

También puedes comenzar a trabajarlo desde tu presente, observando qué emociones son las que no te permites experimentar y aceptar en su totalidad y ver qué consecuencias ha tenido en tu vida el hacer esta fragmentación…. Una vez que has detectado esos puntos críticos , puedes trabajar con afirmaciones que te ayuden a aceptar tus emociones, poner toda tu atención y energía a comenzar a permitirte experimentar lo que sientes desde un lugar de aceptación y verte a ti mismo como si estuvieras fuera de ti, aprobando tus sentimientos y necesidades a cada paso del camino.

La meditación y respiración te pueden ayudar mucho a comenzar a desarrollar compasión por ti mismo, poniendo tu energía en el centro de tu pecho y sintiendo en tu corazón el amor y aceptación incondicional que te brinda el universo.

Existen técnicas como el EFT tapping y la terapia de EMDR que están también diseñadas para superar traumas y heridas emocionales.

Sea como sea es crucial para tu bienestar el que te decidas a hacer el trabajo de aprender a amar y aceptar incondicionalmente cada parte de ti, en esa medida también podrás aprender a amar y aceptar incondicionalmente a cada persona y situación que se presente en tu vida y sobre todo, te dará la increíble capacidad de verte a ti mismo como esta obra maravillosa de la creación que eres, así tal cual eres y has sido, con tus sombras y tus luces.

Es hora de que comiences a llamar a todas esas partes de ti mismo que has dejado olvidadas en un rincón de tu existencia y que están sedientas de volver a ti.


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© 2019 by Elisa Valenzuela Life coach

Fotos: Dulce Valenzuela