• Elisa Valenzuela

¿Cómo convertir tormentas en vasos de agua?

Actualizado: mar 7



¿A veces sientes que las circunstancias te controlan?, ¿después de una fuerte discusión, no puedes recordar bien qué fue lo que hiciste o dijiste?, ¿la tristeza te invade y se te sale de control, convirtiéndote en una nube de pensamientos negativos?

A todos nos ha sucedido alguna vez que sentimos que perdemos el control de nuestras emociones y nos encontramos ya al otro lado del camino, preguntándonos ¿cómo llegué a esto?, ¿por qué no me puedo CONTROLAR?

Ahí está la clave, no se trata de CONTROL, sino de MANEJO. Nos han enseñado que hay que controlar nuestras emociones, hemos crecido (al menos la mayoría) escuchando "no llores", "no te enojes", "es que eres muy sensible", como si tuviera algo de malo sentir.

Las emociones son mecanismos perfectamente normales que nuestro cuerpo experimenta como reacción a los estímulos del ambiente y de nuestra mente. Son la prueba fehaciente de nuestra humanidad y de nuestra condición de seres vivos. Sin embargo, hemos aprendido a verlas como nuestras enemigas y eso mismo es lo que hace que se bloqueen o salgan de nuestras manos.

Imagina que vas caminando por un callejón en una noche obscura, de pronto oyes detrás de ti unos pasos que te siguen, tu experiencia previa y tu instinto te dicen que hay un peligro, tus músculos se tensan, tu corazón se acelera, comienzas a respirar rápido, aumentas la velocidad de tus pasos, te preparas para defenderte apretando los puños… finalmente escuchas los pasos alejarse de tu camino y te relajas; el peligro pasó. Lo que experimentaste fue miedo y no es malo, al contrario, es quien te habría salvado de una amenaza real. Así son todas las emociones, nuestras aliadas.


Somos nosotros las que las convertimos en las villanas de la historia. Esto sucede cuando:

  • No soltamos las situaciones en nuestra mente y estamos sometidos a una sensación de peligro, estrés, miedo o tristeza constante.

  • Nos creemos todo lo que pensamos y damos rienda suelta a los lobos feroces que viven en nuestra cabeza.

  • Queremos dejar de sentir y reprimimos nuestras emociones, apretujándolas en la olla express sin válvula de escape (que inevitablemente va a explotar).

  • Dejamos que nuestras emociones se hagan cargo, se desborden, tomen el control de todo lo que experimentamos, secuestrando nuestras conductas.

Está bien sentir, es sano. El primer paso para poder ver a las emociones como nuestras aliadas, es aceptar que existen y están ahí por una muy buena razón. Ya sea que me permitan salir de una situación real o para aprender a observar qué pasa dentro de mi cabeza.

Si sientes que vives en una lucha constante por el control de tus emociones, estos pasos te servirán a aprender a manejarlas:

1. Reconócelas: No saben cuántas veces me he topado en mis sesiones de terapia o coaching con que al preguntar ¿cómo te sientes? Mis clientes se encuentran repitiendo siempre la misma lista reducida de emociones o confunden la frustración con enojo, la ira con tristeza, etc… es verdad, a veces no nos damos ni siquiera a la tarea de detenernos a pensar qué es lo que sentimos. Es importante, detente a lo largo del día a pensar cómo te sientes y a ponerle nombre.

2. Entiende las causas que provocan esa emoción: Esta acción requiere al principio atención constante y disciplina. Se trata de poner unos segundos en pausa nuestra cabeza cuando estamos ante una situación en la que observamos que nuestro cuerpo está teniendo una reacción. Por ejemplo: estoy hablando con mi pareja y siento que mi cara se pone caliente, cierro los puños y aprieto la quijada… pausa… ¿qué pasó?, mi novio me estaba contando de una compañera de trabajo; ahora puedo observar que siento celos, pero esto no lo disparó el hecho: hablar sobre una compañera de trabajo, sino un pensamiento mío: “mi relación no anda bien, seguro me va a poner el cuerno” o “los hombres son infieles y no pueden tener amigas”. Analizando de dónde viene mi reacción emocional, puedo ponerle un freno, antes de terminar haciendo una pataleta o una escena de celos que termine en discusión.

3.Diferencia emociones de acciones: Una cosa es lo que sentimos y otra lo que hacemos con lo que sentimos. Cuando creemos que es lo mismo, terminamos siendo literalmente secuestrados por ellas. Puedo sentir celos, es válido, estoy en mi derecho, pero también tengo la capacidad de analizar de dónde viene este sentimiento, para poder controlarlo, no necesito armar una escena cada vez que experimente esa sensación. Nosotros tenemos el control de lo que hacemos con lo que sentimos.

4.Interioriza este proceso: al principio tendrás que poner un esfuerzo extra, para estar atento y poner pausa, pero después se convertirá en un hábito automático.

5. Expresión asertiva: una vez que he podido aprender a identificar mis emociones y las causas, puedo entonces aprender a expresarlas asertivamente, por ejemplo: si estoy enojada, en lugar de dejar que la ira me gane y terminar golpeando una puerta o diciendo cosas que pueden lastimar a mi interlocutor, respiro profundo y digo: en este momento me siento muy enojado, te alejas y dejas que pase la emoción, para después retomar la conversación y encontrar una solución.

6.Lenguaje positivo: a la hora de expresar tus emociones, procura evitar palabras como: nunca, nadie, todos, siempre y cualquier otra palabra o expresión negativa, que te lleve a la frustración o a alimentar creencias limitantes. Puedes revisar mi artículo “el giro lingüístico” para darte una idea de cómo modificar esto.

7.Hazte responsable: en tus manos está el control de tus emociones, pensamientos, actitudes y conductas, nadie más tiene poder sobre ellas, ni tú tienes control y poder sobre el ámbito de otros. Recuérdalo siempre. Hablar en primera persona ayuda a tomar responsabilidad sobre lo que sentimos y hacemos.

8.Respira: esta es la más importante, haz respiraciones profundas y largas, en cuanto sientas que tu cuerpo está experimentando una reacción emocional, pon pausa y respira unas tres o cuatro veces. Esto te ayudará a calmar tu cabeza y tener una mejor perspectiva. La respiración incluso te ayudará a encaminar y expresar mejor tu emoción. Si te das a la tarea de hacerlo además todos los días, por unos minutos, comenzarás a experimentar un mayor auto control y auto conocimiento.


Ya estás listo para convertirte en un maestro en el manejo de emociones. Recuerda que es muy importante ser paciente, un hábito requiere de disciplina y observación, algunos cambios no ocurren de la noche a la mañana. Es un aprendizaje constante, casi interminable; trátate con amor y si te sorprendes de pronto siendo tomado como rehén por tus emociones, no pasa nada, acéptalo, acéptate y sigue adelante, velo como una oportunidad para seguir conociéndote y aprendiendo sobre ti mismo y el mundo que te rodea.

Con cariño:

Elisa, tu life coach


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© 2019 by Elisa Valenzuela Life coach

Fotos: Dulce Valenzuela