• Elisa Valenzuela

¿Es el dolor la cura?



He notado que durante los procesos de sanación de mis clientes, e incluso en la familia y amigos que los acompañan en su viaje, hay un patrón, que yo misma he experimentado, de asociar el bienestar con la ausencia de dolor.

Vivimos en una cultura (occidental) que nos ha enseñado que “estar bien” significa no sentir dolor emocional, estamos acostumbrados a adormecer esos sentimientos “incómodos” como la tristeza, el enojo, el dolor, etc. Buscamos remedios que nos quiten esa sensación, aunque sea de manera temporal; entonces tomamos medicamentos, alcohol, comida, compramos, hacemos lo que sea para “estar bien”. Tenemos miedo de enfrentarnos a nuestras propias sombras.

¿Qué tal si te digo que una forma de sanar y llegar al verdadero bienestar es transitar y vivir ese dolor del que tanto huyes?

Primero que nada es importante tener claro que el dolor emocional, no es lo mismo que el sufrimiento. Sufrimos cuando llevamos el dolor a un estado mental en el que nos victimizamos , sufrimos cuando nuestros pensamientos se quedan en una espiral constante sin proponer solución, sufrimos cuando tratamos de escapar del dolor mismo.

El dolor es una reacción natural que experimentamos a nivel emocional, como una sensación de vacío o tristeza, generalmente asociados a una situación, como la pérdida de un ser querido, el no recibir atención o cariño de personas importantes en nuestra vida o cualquier otro cambio que afecte el rumbo de nuestra vida. Es una experiencia subjetiva, en el sentido que no todos experimentamos dolor por las mismas cosas ni con la misma intensidad. Esto depende de nuestras experiencias de vida y de nuestra crianza. Pero todos lo sentimos, forma parte de nuestro repertorio emocional.


Voy a comparar el dolor emocional con el dolor de una herida física, para que puedas ver con más claridad la importancia de su existencia.

Imagina que vas caminando por un sendero y te tropiezas con una roca, en ese momento puede ser que no sientas mucho dolor, porque es importante que puedas encontrar un lugar seguro, entonces tu sistema nervioso bloquea los centros del dolor y así puedes funcionar en una situación de emergencia ( lo mismo sucede con el dolor emocional, las primeras etapas son de negación). Sin embargo, pasado un tiempo la pierna se comienza a inflamar y te empieza a doler a tal grado que prácticamente no te puedes mover. Este dolor intenso, está indicando que algo no anda bien en tu cuerpo, probablemente tengas la pierna rota o luxada, como sea, ese dolor te salva de quererte mover y hacer peor la herida. Tu instinto es buscar un médico o hacer algo para poder recuperarte.

Al mismo tiempo, ese dolor está obrando milagros en tu cuerpo, ya que gracias a ese estado de alerta en tu sistema nervioso, se están activando procesos que mandan señales para regenerar los tejidos y sanar las heridas. Si no te hubiera dolido la pierna cuando te caíste, no te hubieras dado cuenta, ni tu cuerpo habría puesto en marcha todos esos procesos y entonces algo muy malo hubiera ocurrido, tu herida se hubiera infectado y en vez de sanar habrías empeorado…

Así como el dolor físico tiene una función, el dolor emocional cumple su parte sumamente importante en nuestros procesos de sanación interior. No puedes llegar a perdonarte o perdonar a otros, ni a curar los raspones de la vida, si no experimentas y transitas antes el dolor. Esa punzadita de tristeza te está queriendo decir algo sobre ti y sobre tu entorno, es una oportunidad para observarte, conocerte y entender cómo funcionas.

Si intentas alejarlo o bloquearlo, no se irá a ningún lado, se quedará escondido y se hará más grande en la sombra, hasta que encuentre otras maneras de salir (depresión, ansiedad, enfermedades, ira).

En muchas de mis consultas me encuentro con que lo que buscan las personas es una cura para el dolor y a veces se sorprenden cuando les digo que la cura misma es aceptarlo y sentirlo… Poco a poco y de manera natural, se irán activando tus mecanismos de sanación, las heridas se irán cerrando, te va a dejar de punzar, todo tiene su tiempo y aunque es verdad que no es sólo el tiempo el encargado de curar, es un gran aliado de la aceptación y el reconocimiento.

Así que no tengas miedo a sentir dolor, no trates de escapar de él. Es un símbolo de tu intención de estar bien, es parte trascendental del proceso de sanación, es la voz que te ayuda a cambiar el rumbo, es la señal de tu existencia y de que estás vivo.

Sin dolor no hay sanación.

Mírate al espejo y acéptalo, abre tu corazón y permítete dejar fluir sus sensaciones, sin frenos, sin dejar que tu cabeza se interponga, sólo siéntelo en tu cuerpo, en tu alma y obsérvalo como un espectador, con amor y compasión, como mirarías a un amigo; acompáñate como acompañas a tus seres queridos, sin prisa porque ya estén bien, sin juicios porque no ha “llegado”, sin esperar a ya “superarlo”, simplemente abrázate, sé paciente y empático; en la medida en que reconozcas lo que sientes y te permitas existir también en ese espacio, en esa medida las olas se calmarán y encontrarás la tranquilidad.


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Estaré feliz de conocerte y platicar contigo.

Con cariño:

Elisa, tu Life Coach.

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© 2019 by Elisa Valenzuela Life coach

Fotos: Dulce Valenzuela