• Elisa Valenzuela

¿Eres un impostor?



Hace un par de semanas escuché un podcast de una coach inglesa a la que sigo (Jo Casey) en donde hablaba junto con su invitada (Tanya Geisler), del fenómeno del impostor. Había escuchado ya sobre eso vagamente , pero en ese momento algo me llamó y decidí escuchar mientras hacia algunas tareas de la casa.

Ese día, cuando terminó el programa, me prometí que iba a escribir sobre eso, porque aunque es un tema ya conocido en algunos círculos, me parece que hay quienes no tienen idea de que eso existe y podría ser de GRAN ayuda tan sólo saber que tiene nombre y que nos pasa a la mayoría de las personas, sobre todo a las mujeres.

Mientras escuchaba el programa y la anfitriona y su invitaba describían y ahondaban en el tema, no pude evitar sentirme completamente identificada, pero también me pasaron por la cabeza mis amigas, las que están comenzando nuevos proyectos o que han cambiado de trabajo, mi hermana que está por comenzar su vida laboral y la gran mayoría de mis clientes…

Ya sé que no te he dicho ni siquiera de qué se trata, pero vale la pena (te lo aseguro) que sigas leyendo.

No había tenido el tiempo de sentarme a recopilar la información y hacer una pausa para encontrar la inspiración que se merece este tema, hasta hace unos momentos, que me llamaron para consultarme sobre un potencial nuevo cliente, que está viviendo condiciones particularmente difíciles; mientras contestaba la llamada y le aseguraba a mi interlocutora que es un tema que podemos trabajar juntas mi cabeza me decía: “quien sabe si puedas manejar esto”, “qué tal si no estás lo suficientemente preparada para un caso así” y por unos segundos me sorprendí deseando que mejor no me llamen de nuevo para hacer cita, porque “no me siento capaz”.

En ese instante, supe que tenía que encender la computadora y ponerme a escribir el tan aplazado artículo.

¿Te ha pasado algo similar a lo que te describí unas líneas atrás?, ¿alguna vez has sentido que no eres lo suficientemente bueno o que no mereces el trabajo que tienes? O te identificas con alguno de estos pensamientos:

-Se van a dar cuenta de que en realidad no sé mucho sobre el tema

-Tarde o temprano conseguirán a alguien mejor

-No estoy listo o lista para ser padre, me equivoco todo el tiempo

- En realidad siento que sé muy poco y que mis habilidades a veces no son suficientes

-Si me promueven o me ascienden debe ser un accidente o que no hay nadie verdaderamente bueno

- Si me dieron el trabajo es porque les caigo bien

- Me dicen que soy buena en lo que hago porque son mis amigos

-No estoy listo o capacitado para este nuevo reto o cambio en mi vida

- Dudo que me vaya bien en esto, porque seguro hay muchas personas que lo hacen mejor que yo


Si te has dicho para ti mismo alguna de estas líneas, aunque sea una, te doy la bienvenida al club del fenómeno del impostor, también conocido comúnmente como el “síndrome” del impostor. A mí me gusta llamarle fenómeno porque no es una enfermedad o patología. Es algo de hecho muy común.

Quiero comenzar por decirte que no estás solo, no eres la única persona que se ha sentido así cuando está por comenzar un nuevo reto en su vida o que ha sentido eso cuando experimenta cambios en su vida, ya sea laboral o personal.

Se llama el fenómeno del impostor porque es así exactamente como nos sentimos en algunas ocasiones, como impostores que no saben lo que están haciendo, que están jugando a que saben, es sólo cuestión de tiempo para que nos descubran y el mundo entero se de cuenta de que somos unos impostores que no deberían estar donde están.

¿Te ha pasado? La buena noticia es que la mayoría de las veces eso no es verdad, los verdaderos impostores ni siquiera se cuestionan si lo son y en el caso de que sepan que lo son, no pasan parte de su tiempo gastando energía en preocuparse en cómo mejorar o estar a la altura, más bien ponen todas sus intenciones en seguir fingiendo y que nadie los descubra.

Sucede que vivimos en una sociedad y cultura en la que la sobre valoración de los “logros” nos ha llevado a un punto en el que a veces nos cuesta distinguir o reconocer nuestros talentos, porque nunca nada es suficiente, siempre hay más que lograr, más que poseer, más que saber…

En el caso particular de las mujeres, históricamente hemos tenido que pasar gran parte del porcentaje de nuestra vida (personal y social) teniendo que dar explicaciones de por qué nos merecemos derechos, trabajo, posiciones sociales y políticas, etc…

No es raro que la mayoría de las personas que se identifican con este fenómeno o que lo experimentan con más frecuencia sean mujeres, sin embargo, no es exclusivo de género, los hombres también lo sienten.

Este “síndrome” fue descrito en 1978 por las psicólogas Pauline R. Clance y Suzanne A. Imes, que observaron que gran cantidad de personas exitosas tenían esta sensación de no ser lo suficientemente bueno o exitosos o que los demás los sobre estimaban.

¿Por qué es importante saber de su existencia? Fácil: para aprender a cuestionarlo, si te crees todo lo que piensas y lo que piensas es que no eres capaz, eso se va a ver reflejado en altos niveles de estrés y ansiedad, depresión, parálisis por temor a equivocarte, incluso te puede llevar a dejar de experimentar nuevos retos. Al final no llegarás a ningún lugar bonito o productivo.

La cosa es que no sólo experimentamos este fenómeno a nivel de sentirlo y seguir con nuestra vida, al tener este tipo de pensamientos buscamos la manera de compensar nuestra “incapacidad”.

Tanya Geisler, experta en el tema, dice que existen 6 atributos conductuales que están asociados a este fenómeno, que son mecanismos que desarrollamos para evitar ese sentimiento de “impostor”, estos son:

  1. Perfeccionismo: quieres que todo salga absolutamente perfecto y sin errores (lo cual es imposible) y te lleva a comprobar que eres un impostor y a estresarte y sentirte más inseguro.

  2. Procrastinación: Mejor lo dejas para después, porque te da temor enfrentar tu “incapacidad” y eminente “fracaso”.

  3. Límites débiles: te cuesta decir que no, porque entonces no te querrán y si no te quieren se darán cuenta de tu “farsa”, porque ¿recuerdas que la gente te dice que eres bueno sólo porque les caes bien?

  4. Necesidad de complacer: véase punto 3.

  5. Comparación: Te preocupas demasiado por tus logros y tus capacidades, tanto que es necesario medirte con las capacidades y logros de los demás, pero casi siempre resulta que desde tu perspectiva a los demás todo se les hace más fácil o tienen más habilidades que tú.

  6. Tendencia a hacerte menos: véase punto 5.


¿Te suena?

Todos se alimentan el uno del otro y tienen un doble vínculo: si experimentas el fenómeno del impostor, inevitablemente vas a aplicar alguno de estos mecanismos, pero al hacerlo, en lugar de que este sentimiento se vaya, se hace cada vez más grande, haciéndote que te refugies en alguno de estos mecanismos y así hasta el infinito…

Al final, si te preguntas ¿por qué?, ¿cómo llegamos a esto?, todo se reduce a una simple respuesta, nuestro temor a estar solos, el miedo a la desconexión. Si no soy capaz el otro no me va a reconocer y no me va a querer. Pero si soy MUY CAPAZ, voy a ser juzgado y criticado y entonces tampoco recibiré la aceptación y reconocimiento que tanto anhelo ¿te suena?

Detente por un momento a pensar cuántas veces has escuchado o formado parte de la crítica hacia alguien que ha logrado algo. La realidad es que casi todos lo hemos hecho, muchos de nosotros hemos estado en la silla del jurado criticando a la mujer que se hizo directora de la empresa por ser una madre descuidada, al compañero de trabajo que fue ascendido pero que en realidad no se lo merece, a la actriz de Hollywood que es demasiado bonita o demasiado sonriente, a la secretaria que ahora es ejecutiva porque seguro se acostó con el jefe. Nadie quiere estar del otro lado si el costo es no ser aceptado…

Sea cual sea la razón, querrás sí o sí salir de ese círculo vicioso que no te deja nada bueno, ni éxitos, ni conexión emocional ni auto confianza.

¿Qué puedes hacer para decirle a tu diablito que te deje de gritar que eres un impostor?

Lo primeo es reconocer que está ahí, que se esconde atrás de cada esquina de un nuevo logro o cambio en tu vida, esperando para recordarte que eres una farsa y que probablemente serás un fracaso. Ya viste que el querer evitarlo te llevó a peores cosas como el perfeccionismo o la falta de asertividad en tus relaciones, así que hay que agarrar al toro por los cuernos, mira a tu monstruo a la cara y acéptalo.

Ahora sí puedes poner manos a la obra.

Tanya propone tres estrategias:

1. Analiza si tus “objeciones” (no puedo, no soy capaz, hay quienes son mejores que yo, no sé lo suficiente) vienen de tu critico interno, ese que nunca está conforme con nada o si hay algo ahí que es verdad. Analiza qué parte de ese pensamiento puede ser verdad y convierte ese pensamiento en una aseveración razonable, en lugar de decir No soy capaz, quedará mejor, en este momento no tengo suficiente conocimiento del tema o me hace falta practicar más esa habilidad.

Si es verdad, por ejemplo: no conozco como se maneja x o y programa de computadora que necesito para trabajar. Entonces mira qué puedes hacer al respecto sin flagelarte, toma un curso, lee, investiga…

Si no es verdad CUESTIONA a tu crítico interno, deja de darle tanto poder a una mentira.

2. Recuerda tus logros: Puedes hacer algo que Tanya llama “Yay Folder” (Yay porque es lo que decimos cuando algo nos sale bien). Primero de forma interna, sin consultar a nadie, haz una lista de todos tus logros, éxitos, habilidades, reconocimientos. Después si quieres lo puedes validar con otras personas, pero lo más importante es que lo hagas tú y que aprendas a reconocerte sin la aprobación externa.

Recuerda las veces que te has animado a tomar el riesgo y que decidiste dar el salto, logrando lo que te proponías.

3. Mantente social: rodéate de gente que te valora y que te reafirma tus fortalezas, observa que tipo de personas son las que te hacen sentir lo contrario y procura comenzar a tomar distancia, seguramente no te han dejado muchas cosas positivas en tu vida y pueden ser quienes te están frenando de alcanzar tus metas. La gente que te valora y te quiere, no te va a mentir y si te dicen que eres capaz es porque lo eres, deja de cuestionarte y de cuestionar la forma en que te miran. Al hacerlo no sólo eres injusto contigo mismo, también estás siendo injusto con la persona que te ha hecho un cumplido, ya que al rechazarlo, estás diciéndole que su opinión no vale. Aprende a tomar los cumplidos sin hacerte menos, sonríe y agradece…

Espero que estos consejos te sean útiles para dejar de lado el fenómeno del impostor, armarte de valor y amor propio y comenzar a sentir que mereces cumplir todo lo que te propongas.

Para comlementar la información, te dejo aquí el link a un live de facebook donde hablo sobre el tema en una entrevista en vivo:

https://www.facebook.com/1784734874921771/videos/2104413876293055/UzpfSTcyNDk0NTQ4NjoxMDE2MTM1OTk2MDIwMDQ4Nw/

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